Llegada de los amigos y lamentación de Job.
Tras la llegada de sus tres amigos —Elifaz, Bildad y Sofar—, comienza la parte poética del libro donde Job rompe su silencio y lamenta su nacimiento. En su sufrimiento, desea no haber vivido para evitar tanto dolor, y contempla la muerte como un descanso y una liberación de las penas humanas. Su monólogo refleja la profunda angustia existencial del justo que no comprende el sentido del sufrimiento, pero que no reniega de Dios. Las palabras de Job expresan tanto su dolor humano como su disposición a enfrentar el misterio del mal y la prueba divina. Los comentaristas interpretan su queja no como rebeldía, sino como expresión legítima del sufrimiento. Así, Job se convierte en símbolo del creyente que lucha entre la fe y la desesperación, buscando sentido en medio de la aflicción.